La
experimentación de las formas fue la razón que llevó, después (en la segunda
mitad del XVI) a lo barroco. Era algo nuevo, refrescante, innovador. De nuevo,
hay que decir que lo barroco no era un mal arte. Incluso me recuerda mucho a
algunos templos hindúes con su propio horror vacui y su propio barroquismo en
estilo nativo. Recuerdo la sorpresa que me causó encontrar en la biblioteca de
la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Navarra, un libro que se
titulaba: El arte barroco en la Antigüedad Clásica. Un libro fascinante. La
obra demostraba, y lo hacía fehacientemente, que el arte barroco había estado
presente en el arte clásico, aunque no predominara.
Por eso
hay que evitar descalificar al arte barroco, porque siempre ha existido en
mayor o menor medida. Y porque unas veces gusta la sobriedad y otras gusta lo
contrario. Dicho lo cual, anotaré que yo abomino el arte barroco. Para mí cae
en lo redundante, en lo hiperbólico. Recargado y artificioso, se trata de un
arte decorativo. Da impresión de vida, eso sí.
Y así
llegamos a los últimos decenios del siglo XVII: el periodo neoclásico.
Ciertamente, una decadencia. Pero, de nuevo, no se puede evitar la
experimentación con las formas. De nuevo, la combinación en la estética
anterior había llegado a un cierto cansancio. Eso ocurre en arquitectura, como
en pintura y música. En el neoclasicismo, la iglesia se transforma en una sala
cualquiera. De la gran idea de templo, de misterio, hemos caído, al final, en
un salón
En estos
edificios sacros en vano buscaremos esa simbiosis magistral que se dio en el
románico entre el contenido de la fe y su expresión en frescos, capiteles,
tímpanos y otros muchos de sus admirables elementos. El neoclasicismo es poco
admirable, es frío, correcto, eso es todo.
El muro
ya no será un grandioso libro de imágenes, será un simple muro. Y ya no de
fuerte y noble piedra, sino de ladrillo cubierto de yeso y pintado encima de un
modo anodino. Los muros neoclásicos, sin nada sobre ellos, dan impresión de ser
algo insípido. ¿Pero qué pones encima? Normalmente, les dio por poner cuadros.
Sus paredes ofrecen excusa para la acumulación. Frescos o lienzos, estucos,
frisos y más frisos: ya no se ve un programa, ya no se tiene una impresión de
unidad.
El
Renacimiento tenía algo de paganizante, el neoclasicismo también. Pero si el
Renacimiento al menos tenía el gracejo de los pecados eclesiásticos de sus
mecenas, cosa que se percibe en las obras encargadas, en el neoclasicismo sólo
percibimos el orgullo científico de su época. Las obras neoclásicas tienen un
algo de pedantería decimonónica.